lunes, 24 de agosto de 2026

Reflexiones de un profesor que se despide

 Opinión

Vicente Gorgues

Vicente Gorgues

València05 AGO 2026 6:00

Reflexiones de un profesor que se despide

Profesores observan a los alumnos con prendas alusivas a la huelga.

Profesores observan a los alumnos con prendas alusivas a la huelga. / J.C.

Tras una larga trayectoria en la docencia, cuarenta y un años impartiendo clases, ha llegado el momento de mi despedida de las aulas. Desde pequeño viví muy de cerca la educación ya que en mi familia tenía grandes referentes como profesores. Con veintitrés años me enfrenté por primera vez a una clase de adolescentes. En la Facultad de Filología nadie me había enseñado lo que tenía que hacer con ellos por lo que tuve que autoaprender, dejándome aconsejar y experimentando en las clases, en ocasiones con errores y también con aciertos. Desde el principio tenía muy claro que no iba a ganar mucho dinero en esta profesión, pero no me importó lo más mínimo. Ser profesor, para mí, se convirtió en una forma de vivir. He tenido la suerte de trabajar en lo que me gustaba y he conocido a muchísimas personas a las que espero haber aportado algún granito de arena en su formación.

La vida de los profesores de mi generación ha transcurrido en una época en la que las transformaciones en el mundo de la docencia y en la sociedad han sido vertiginosas. Hemos tenido que estar en constante reciclaje para poder ir amoldándonos a los nuevos tiempos que enseguida quedaban obsoletos. Los ordenadores, los móviles, internet, Google y las redes sociales nos asaltaron en el camino. Pasamos de la máquina de escribir a la inteligencia artificial en un tres i no res. Nuestros alumnos y también nosotros fuimos tiranizados por las pantallas. Nuestra forma de dar clase tenía que adaptarse en una constante improvisación mientras nos atormentaban los cambios de leyes educativas dependiendo de quien gobernara, siete leyes educativas desde 1985. Los políticos han sido miopes pues no han sabido establecer una sencilla ley que tuviera en cuenta las necesidades reales y naciera con voluntad de perdurar muchos años. En estas cuatro décadas se ha repetido el mismo error: los que legislaban y no entraban en las clases nos decían cómo teníamos que darlas.

Mi gran objetivo como profesor fue desarrollar el pensamiento crítico en los alumnos. Fomentar el juicio reflexivo está en el ADN de la mayoría de los profesores, por ello los docentes, en el mundo actual, somos muy peligrosos. Recientemente, por desgracia, hemos podido ver por los suelos a una profesora jubilada, metáfora perfecta del estado calamitoso de una profesión infravalorada y actualmente menospreciada por algunos sectores sociales cada vez más apoyados. Los enemigos de nuestra profesión son la fatiga, el desánimo, la impotencia que en ocasiones sentimos y la hostilidad ambiental. A ello, no menos grave, hay que añadir la masificación en las clases, la burocracia excesiva, las infinitas horas de corrección, la escasez de personal para trabajar y la cada vez mayor diversidad en las aulas.

Dejo esta profesión esperando haber podido aportar algo positivo a la educación de muchas promociones de estudiantes. Espero que los fallos que haya podido cometer por decisiones incorrectas mis alumnos los sepan perdonar y no me los tengan en cuenta. El profesorado actual tiene ante sí un reto enorme. Es un motivo de esperanza ver el entusiasmo de los docentes valencianos que quieren que las cosas cambien en la enseñanza. Somos uno de los pilares de una sociedad que se tambalea y la educación hemos de cuidarla y mimarla al máximo. En ello nos va nuestro futuro colectivo.

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